Mis amados ahora que iniciamos un nuevo año, que importante es tener una visión clara, visualizar las cosas que vemos en nuestra mente, las imágenes y les animo a hacer uso creativo de la capacidad para visualizar cosas, para ver el futuro, para verse, cómo usted se ve a sí mismo, cómo usted ve a Dios. Muchas veces simplemente debemos examinar esas cosas, qué vemos en nuestra mente y pregunto. ¿Cómo ve usted a Dios? La mayor parte de veces vemos a Dios de la misma forma que nos vemos a nosotros mismos. Si no tenemos un buen concepto de nosotros, es posible que tampoco lo tengamos de Dios. Deje de mirarse tanto en el momento cómo usted está y véase cómo Dios puede llevarlo un día a verse.
Muchos de nosotros no soñamos, con lo que queremos ser. Yo creo mucho en la fantasía con propósito. Yo creo mucho en pensar creativamente, visualizar creativamente, darse tiempo para cultivar lo que queremos llegar a ser y verlo claramente. Sabes que cuando tu visualizas algo, las neuronas de tu cerebro comienzan a reaccionar y muchas veces la parte de tu cerebro que tiene que ver con lo que tú estás visualizando se activa. En el Libro de Habacuc, hay un pasaje que muchos de nosotros hemos leído y que yo quiero animarlos a que usted lo vea con respecto a esto. Habacuc 2: 1-3
Habacuc primero debía de ver la visión.
Habacuc luego debía de darla a conocer.
Habacuc debía de darla a conocer de una manera permanente – se le dijo que escribiera la visión.
Ahora, en su contexto original, si usted lee el libro de Habacuc las palabras del profeta en el capítulo 2 se refieren a una revelación que Dios le había dado al profeta concerniente a eventos históricos específicos relacionados con el pueblo de Israel, pero aun así el consejo divino que recibe Habacuc acerca de cómo debía manejar esa palabra profética que Dios le habría de dar, es muy aplicable a la forma en que cada creyente debe relacionarse con cualquier impresión poderosa, o cualquier visión que Dios ponga en su corazón, cualquier imagen creativa acerca del futuro, cualquier sospecha que usted tiene de algo que Dios quiera hacer en su vida, cualquier anhelo que usted tiene. Es la misma forma que yo veo aquí como una receta para cómo hacer esto.
En el curso de nuestra vida, amados, nosotros recibimos retos, llamados específicos de parte de Dios. Esos llamados muchas veces se registrarán en nosotros como impresiones, anhelos, impulsos creativos que concebiremos en nuestro espíritu y de ahí, de esos impulsos, nacerán proyectos, iniciativas, esfuerzos, decisiones que nos llevarán a invertir nuestras energías en esfuerzos y direcciones concretas.
Esas visiones que concebiremos tendrán que ver quizás con una profesión, un matrimonio, nuestros hijos, el ministerio, las finanzas o simplemente una misión específica que Dios nos quiera encomendar. Y como Habacuc tendremos que decidir qué haremos con ese propósito inicial que Dios ha implantado en nuestro espíritu.
Amados, no podemos vivir la vida al azar. Nunca permita que las circunstancias: Su pasado, sus complejos, su cuerpo, sus heridas, definan lo que usted es o lo que usted haga. Mire, si hay una oportunidad para usted pararse ante un grupo decir algo que Dios ha puesto en su corazón, aunque le estén temblando las rodillas mientras usted habla, vaya y hágalo y habrá ganado una gran victoria moral y la próxima vez le va a ser un poquito más fácil hacerlo. Pero si usted se deja dominar por el miedo, usted nunca va a hacer nada, tiene que imponerse. No podemos vivir nuestra vida meramente existiendo, improvisando de día en día, reaccionando a las circunstancias y viviendo conforme una rutina que nos ha sido impuesta desde afuera. Tenemos que vivir conforme a propósitos específicos, cultivados por medio de la reflexión y la oración, iluminados por el Espíritu Santo. Tenemos que forjarnos metas específicas que guíen nuestra vida y determinen nuestras acciones cada día.
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